Luis Juez presenta hoy su libro en Bell Ville

Luis Juez presenta hoy su libro en Bell Ville

by July 18, 2008 0 comments

El ex intendente de Córdoba y titular del Frente Cívico Social, Luis Alfredo Juez, presentará hoy viernes en Bell Ville el libro en el que manifiesta y comenta lo que denunciaron como “fraude electoral” ocurrido en Córdoba en las últimas elecciones.

El texto fue escrito por dos de sus ex funcionarios, Miguel Cabrera y Luis Gregoratti, con prólogo de la diputada Norma Morandini y epílogo del propio Juez bajo el nombre de: “La Balada de la ética y el poder”.

La presentación se concretó a comienzos de este mes en la Vieja Usina, acompañado de un gran numero de militantes.

La actividad se realizará el viernes 18 de junio a las 20.00 horas en el Bar Cubano en pleno centro de la ciudad, con entrada libre y gratuita contándose con la presencia del ex candidato a gobernador Luis Juez.

En este marco y en conferencia de prensa esta semana, integrantes de la “Mesa Juecista de Bell Ville”, brindaron una conferencia de prensa ampliando detalles de la actividad del viernes y señalando el apoyo a Juez en lo que será un nuevo camino político.

Gustavo Calzolari señaló que “será muy importante contar con la presencia de Luis Juez, en su primera visita luego de las elecciones del pasado 2 de septiembre para comentar todos los detalles que rodearon el comicio y además tengamos en cuenta que en Bell Ville tenemos actores muy importantes en lo que fue aquella elección”, afirmó.

Por su parte Germán Villarroel, reconocido dirigente peronista hoy en los detalles de la conformación de un nuevo espacio peronista luego de la salida del Movimiento Evita y significó que “estamos armando un espacio para acompañar el mensaje y el contenido político del compañero Juez. Esta es una mesa ampliada junto a mucha gente del departamento, y de distintas extracciones de Bell Ville que suman y otras que se sumaran en esta concepción”, explico.

Consultado si es o esta la intención ya de trabajar para un candidato propio para el 2011 sostuvo el dirigente que no esta aun en los planes y esto se trata de construcción y de lo que demanden los afiliados y la ciudadanía, aunque remarcó en este punto “seguramente los dirigentes seremos los que tendremos el mayor compromiso”.

Luis Juez
El Libro

Acá presentamos un extracto del libro de Luis Juez.

Miguel Cabrera

Luis Gregoratti

Luis Juez

La balada de la ética

y el poder

Prólogo: Norma Morandini

Epílogo: Luis Juez

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… La señal se terminó y quedamos absolutamente a ciegas. El júbilo se tiñe

lentamente de amargura o desconfianza. Desde aquí al peor de los presagios es

cuestión de minutos. Empezamos a sentir, pensar y coincidir, que el candado que

acaba de ponerse a la información puede transformarse en el manto de oscuridad

que necesita cualquier ladrón para realizar su cometido.

La situación empieza a ser muy delicada. Jorge Cuadrado y Lalo Freyre eran los

únicos sobrevivientes televisivos de la madrugada, y Canal 12 la señal solitaria de

la que toda la provincia estaba pendiente. Son pasadas las 3 de la madrugada y ellos

ya no están. No se ve a nadie. Algunos creen que el plan del actual gobernador José

Manuel de la Sota consiste en que Córdoba se duerma sin su derrota. Otros, la

mayoría, creemos que su plan es que Córdoba se duerma para terminar el escrutinio

según las necesidades de su gobierno.

Pablo Rossi, de la Cadena 3, desde Buenos Aires reclama a gritos información a la

jueza electoral. “Esto es una vergüenza nacional, señor Di Cola, señora Marta

Vidal, ustedes deben al pueblo una explicación, la esencia de la República es herida

de muerte en Córdoba y nadie dice nada”. La voz radial de Rossi se pierde

increíblemente en la impotencia.

Una mesa escondida tras un biombo hace las veces de oficina central del bunker

dentro del Sheraton. El apagón de información en el momento en que el Frente

Cívico y Social pasó al frente ha desquiciado a todos. Luis va, viene, se refriega la

cara, bufa, mira alrededor, recibe papelitos con datos y teléfonos de todos lados,

recibe comentarios triunfalistas, cuchicheos alarmantes. Su cabeza, como la de

todos, zigzaguea en una alteración insoportable. Todos hemos perdido un tanto la

compostura. Pocos segundos después la cosa perece encaminarse.

–Hay que pensar. Debemos pensar –repite Juez–. ¡No puede ser que a las dos y

media de la mañana, sólo se conozcan el 34% del interior y el 40% de Capital! Algo

está pasando.

Las horas le darán la razón. El griterío es ensordecedor, Luis Juez abandona el

decorado de la oficina central y con rostro fastidiado camina hacia el corazón del

bullicio. En medio del ojo del ciclón, Juez se otorga la misión de hablarles a todos

para ordenar. De a poco se consigue acallar al auditorio, y empieza a cablear con

racionalidad la locura reinante.

–Muchachos… escúchenme… silencio por favor. ¿Quién más que yo siente ahora

deseos de celebrar, de llorar de felicidad coronando esta gesta heroica? ¡Ustedes no

saben las ganas de brindar por un triunfo! Pero no… no chicos, chicas, creo que nos

están robando la elección. Intuyo que algo anda mal. Hemos llegado aquí también

por mi olfato y créanme, nos quieren arrebatar los sueños. Quiero que ahora mismo

vayamos todos al Correo a cuidar el conteo de los votos, vamos a velar las urnas.

Sin perder un segundo llama a su mujer Victoria, con los ojos realiza un repaso de

todos los presentes y arranca eléctrico hacia el portal de la sala. Nos siguen

periodistas, candidatos del interior provincial, intendentes vecinos, amigos,

desconocidos e instantáneamente comienzan a llover mensajes en todos los

celulares. “Todos al Correo”, se lee en los teléfonos móviles, una de las más

poderosas herramientas de difusión militante.

La planta baja del hotel es un hormiguero que busca pesadamente las puertas de

salida. Cerca de mil personas, sobrevivientes de tantos bandazos emocionales, de

cimbronazos, de ajetreos, de acompañar gente a votar, de destilar ansiedades, de

manejar cientos de ánimos diversos, se encaminan hacia la histórica intersección de

avenida Colón y General Paz. A las 3.30 llegamos a la esquina de la noche

interminable. Sin dudas aquí comienza la otra historia.

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–¿Qué sabés de Córdoba Alberto? ¡Pero mirá el quilombo que armó el petizo!

Hablalo. Decile que la corte con las puteadas al Gobierno nacional. Que despotrique

todo lo que quiera, pero que no mande fruta para acá.

–Ya hablé con él al mediodía –el ministro Fernández intentaba calmarlo al

presidente Néstor Kichner. Vos sabés bien cómo es el pibe, incontrolable, no sabés

para dónde va a salir.

–¿Juez?

–Sí, Juez habla… ¿Ah, cómo andás Alberto?

–¡Genial Luisito, qué buena elección te mandaste che!

–Sí, ¡genial el afane de los votos que nos hicieron! Esto es un bochorno, todos se

hacen los pelotudos… y ustedes Alberto… ¿Qué van a hacer? Decile a Néstor que

tire una onda, que no se juegue a matar, pero una señal sería bárbaro. Te dije, loco.

Les vamos a pasar por arriba, lo vamos a echar a patadas al Gallego… Ustedes no

me dieron bola, este petizo no es un delirante.

La charla duró dos minutos. El tiempo en el que cualquiera de nosotros se mira al

espejo del baño, abre el grifo y con las yemas de los dedos prueba la temperatura

del agua. No hizo falta agregarle nada más a la conversación. Unos segundos más y

hubieran aparecido las manos ya secas restregadas en la toalla. El Pilatos telefónico

hablaba y ofrecía su cumplido con la voz puesta en Córdoba, pero con su

pensamiento en las elecciones a Presidente que esperaban a la vuelta de la esquina.

El 28 de octubre apretaba el lazo y cualquier jugada valía mucho. ¿Para qué correr

riesgos? Y no era la primera vez que los tipos nacionales giraban la canilla y hacían

correr el agua de la hipocresía. Como es ya un estilo de una mal llamada higiene

política, se declararon “prescindentes” antes de las elecciones para gobernador de

Córdoba. Prescindentes, aunque vinieron al interior provincial. Prescindentes, y sin

embargo enviaron en ese momento a la candidata a Presidente, a inaugurar el

shopping de El Buen Pastor en la propia Ciudad de Córdoba, para acompañar al

candidato Juan Schiaretti.

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Es julio de 2007. Falta muy poco para las elecciones del 2 de setiembre en la

provincia de Córdoba, pero no todo parece bien organizado. No todo alcanza el

grado de resolución y manejo necesario para el éxito de una jornada democrática

que demanda mucha presión, resortes y dispositivos que transparenten el acto

comicial.

–Marta, ¿es cierto que se van a eliminar mesas para la elección de gobernador?

–¿Qué pasa Ricardo?

–Digo, Marta, ¿es cierto que pensás poner en el padrón a 450 votantes por cada

mesa?

–Sí, ¿quién te dijo?

–El problema no es quién dijo o quién dice. La cuestión es que si se dispone un

padrón con 450 votantes por mesa, van a producirse serios problemas…

–No, no creo que haya problemas…

–Pero Marta, vos sabés lo que significa poner a 450 votantes en una sola mesa, es

muy probable que no puedan sufragar todos. Seguro que se producirán

inconvenientes.

–No, no creo.

–Mirá, no debería haber más de 300, 320 por mesa.

–Yo creo que todo va a salir bien.

–Te vuelvo a decir, 450 personas es mucho. Si querés, yo te pongo toda mi

infraestructura al servicio de los comicios…

–No te hagás problemas, va a estar todo controlado.

Ricardo es el juez federal con competencia electoral Ricardo Bustos Fierro, un

agente de Justicia responsable y conocedor del tema. Marta es la jueza electoral de

la provincia, la doctora Marta Vidal.

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–¡Pedazos de pelotudos! ¡Manga de inútiles de mierda! Gastamos más de veinte

palos en publicidad y mucho más en aparato y un hijo de puta solo, solo en un auto,

dando vueltas como loco por toda la provincia nos va a ganar la elección. ¡No!

¡Nooooo!

La voz del gobernador retumbaba en el quincho vacío de la Casa de Gobierno. Los

alaridos se filtraban en la noche y el cafetero de turno no estaba a gusto con la idea

de que lo llamen, “es mejor borrarse de estos quilombos”, seguramente pensaba.

–¡Pajeros!, bancamos un diario entero desde hace un año, tenemos la manija del

servicio de noticias de la cadena, y todo eso nos lo vamos a tener que perder en el

culo! ¡Urgente! –gritó el gobernador–, nadie se va de acá sin que tengamos un plan.

Llamen a Marta, pedile la lista de presidentes de cada una de las mesas de toda la

provincia, ¡llámenlo al Mingo carajo! !Que venga ahora!… ¡No, no, a Juan ni una

palabra! ¡Esto no es para cagones!

Uno de los tipos se pone de pie. Camina, va y viene, se arrima a la ventana, vuelve

desde la ventana.

–¡Estoy acá!, no me he movido, el plan del que hablás hace rato que está en marcha

–hablaba seguro el militante, que se sentía víctima de algo injusto. Mirá José, no

nos tratés como imbéciles… ¿O vos te creés que pusimos menos mesas y 450

votantes por mesa porque somos unos giles? Sacá la cuenta: si van a votar 350

personas, ¿sabés que necesitan 17 horas para que puedan efectivamente sufragar

todos sin contar cualquier otra demora? En Capital, ni en pedo. ¡¡¡No va a votar más

del 60% del padrón!!! ¡Se va a cagar Juez para sacar grandes diferencias!

El gordo, nervioso y lleno de sudor se restregaba las manos, desafiante y seguía…

–…Y en el interior ya está todo preparado. Ya hablamos con algunos radicales

amigos, parte de ellos agarraron viaje, otros se cagaron. Pero te puedo asegurar que

lo destrozamos. Ya sabemos que en más de 800 mesas de afuera no van a tener ni

un fiscal, ¿sabés el picnic que nos vamos a hacer?

Carlos, José y otros adláteres lo escuchaban atentos, se conocían de memoria. Tres

semanas antes, él lo había advertido, “no le demos mucha bola a las encuestas.

Esperen que el Petizo salga al interior y se nos puede venir la noche.”

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Buenos Aires. Tercera semana de setiembre de 2007. Se emite en vivo el programa

de periodismo político conducido por Reinaldo Sietecases, Montenegro y Luis

Majul. La señal va en directo a Córdoba y a varias provincias argentinas. El tema es

el fraude cordobés, y los invitados, en un extremo y otro de la larga mesa, son Luis

Juez, candidato a gobernador por el Frente Cívico y Social, y el supuestamente

elegido vicegobernador por Unión por Córdoba, Héctor Campana.

El equipo periodístico, joven y heterogéneo, ha construido la fama de una terna

incisiva y mordaz del nuevo periodismo. Se mueven con frescura y sin inhibiciones

ante cualquier entrevistado y, por momentos, los comentarios viajan entre el

desparpajo y el progresismo independ iente. Debe lucir muy preparado y probar gran

determinación, quien intente imponer sus propios conceptos ante los

entrevistadores. Es fácil terminar diciendo lo que no se debe decir en este programa.

Ya en el aire, los tres conductores intervienen desordenadamente, punzando a los

dos tipos que están protagonizando la polémica más potente de la etapa postelectoral.

–No me sentí perdedor en la noche del 2 de setiembre y menos ahora cuando el

tiempo me dio la razón –la expresión pertenece inequívocamente a Juez, y sale de

su boca con la velocidad acostum-brada, mientras se seca la transpiración con su

pañuelo–. Antes luchábamos contra los datos del escrutinio provisorio, pero hoy

tenemos 700 mesas sin actas, que deben declararse nulas. Queremos que se abran

las urnas.

Por enésima vez, un Juez inquebrantable repetía el reclamo que flotaba en cuanto

lugar se comentara la historia. Pero a medida que los días pasaban, había un detalle

que le imprimía a la frase más corpulencia, y a la cara de Juez un brillo sudoroso de

adrenalina.

La cantidad de urnas potencialmente nulas crecía y con ello, la magnitud de la farsa,

pero lo que verdaderamente aumentaba era la razón para no detener la pelea: 700

urnas.

Ese número de cajas contenía algo así como 250.000 votos y la declaración de su

nulidad encendía la posibilidad cierta de contarlos. Por otra parte, la cantidad de

700 superaba el 10 por ciento del total provincial de mesas. Es un porcentaje alto,

que resiste todas las argumentaciones como para solicitar una elección

complementaria. Pero con apenas 17.000 votos más que Juez, Juan Schiaretti quería

ser consagrado a toda costa el Campeón Mundial de la Democracia para la

Federación Internacional de Republiquetas.

La pantalla tiembla. Y la lente de la cámara corre zigzagueando enloquecida desde

el primer plano de los ojos brillantes de Juez hacia la mirada electrizada de

Campana. El mismo “Pichi” Campana que mira a su ex jefe político perforándolo.

La tele ocupa la cabecera de la mesa en una oficina céntrica, caótica de papeles y

humo de cigarrillos en la Ciudad de Córdoba. Las veintinueve pulgadas parpadean y

mantienen casi hipnotizados a cinco hombres, funcionarios del Gobierno provincial

y a Joao Santana, experto oficial de encuestas y marketing. Todos siguen segundo a

segundo lo que acontece en el panel. Se saben nerviosos mientras aprietan los puños

y balbucean cuando los periodistas se dirigen a Campana casi desafiándolo.

–Campana, usted no desconoce que los datos de las irregularidades de Córdoba son

abrumadores. Nosotros no decimos que hubo fraude, pero el proceso no tiene nada

de normal. ¿Por qué se niegan ustedes a abrir las urnas? ¿No cree que es la única

manera de dar punto final a esta locura? Y si es cierto su punto de vista de que son

todas mentiras de Juez, ¿no sería esta la forma más contundente de

desenmascararlo? Reinaldo Sietecases remata por último: ¿Campana, está de

acuerdo con que se abran las urnas?

–Yo estoy de acuerdo con que se abran las urnas, sí, estoy con esa idea.

El periodista no puede menos que extrañarse, se sorprende ante los ojos de sus

compañeros, de todos los presentes en el estudio y de toda la audiencia del

programa… Sietecases lo mira y exclama:

–Campana… ¡usted me está dando una primicia!

Majul reacciona ante el anuncio y repite las palabras de Campana. Aún sorprendido,

mira a la cámara anunciando las visitas del próximo bloque.

–Bueno… Juez… Campana, muchas gracias por acompañarnos.

El bloque terminaba.

El ambiente explotó. Los cinco funcionarios del Gobierno provincial y el experto

oficial en encuesta y marketing, en la oficina caótica de papeles, humo de cigarrillos

y ecos de las palabras de Héctor Campana, están que arden. Parecen eyectados ante

el peligro de un secreto confesado a gritos. Se espantan, cambian de posición,

gritan, insultan, unos se ponen de pie, otros golpean la mesa.

–…Pep pep perooo… ¿Qué esta diciendo este hijo de puta? A quién se le ocurrió

mandarlo a Buenos Aires, nos está matando.

–¡La vez pasada se defendió de maravillas y miralo ahora con lo que se despacha!

Las exclamaciones buscan dar crédito a lo que escucharon, pero nada parece

justificar ni remediar lo dicho por el ex basquetbolista desde la Capital Federal.

Nadie, a ciencia cierta, puede intuir lo que puede aseverar Campana en un debate

televisivo, ni en cualquier entrevista política. Es verdad. El problema es que esta

vez acaba de ocurrir efectivamente. Y lo que ha dicho, y que nadie previó, no es

bueno para el futuro del fraude recientemente cometido.

–Dejen de hacer preguntas imbéciles, fue uno de ustedes o, ¿vos no sabías nada?

El hombre en la punta de la mesa, parado y amenazante impone su voz exasperada.

Enfurecido hace gestos con una mano, con la otra grita, ordena…

–¡Yaaaaa! ¡Poneme con Claudia de la producción del programa!… ¡Yaaa, dije! ¡Y

vos –señalando a otro–, comunicame con el Pichi, urgente…!

Diez manos apretaban histéricas las teclas, uno de los tipos salta resoplando.

–José, ahí la tenés a Claudia.

–Hola, ¿Claudita? Sí… cómo te va. Mirá, tenés que hacerme un favor. Te pido

encarecidamente que lo hagás, necesitamos que dejés entrar de nuevo en un

próximo bloque a Pichi… Sí… Sí, entiendo, pero a Héctor se le quedaron en el

tintero un par de cosas… Sí, Claudia. Entendeme.

Bárbaro. ¡Okay! ¡Gracias!… Después te llamo. ¡Gracias!… Muchas gracias

Al momento, le extiende el celular a su dueño gritando enrojecido.

–¿YYYY…? ¿Lo tenés al Pichi o quééééé?… Dame carajo de una vez – rezonga

recibiendo el teléfono–. Decime pibe, ¿vos sos pelotudo, o te hacés? ¿Qué mierda te

pasa? Se la diste en bandeja a esos hijos de puta. El enano te relajó. Todavía debe

estar gozando. ¿Cómo se te ocurre decir que querés abrir las urnas?… ¡Sí pero

nada! Escuchá, vas a volver al piso… Sí… Ahora… Escuchame… Ahora… Ya está

arreglado… Me importa un carajo si estás saliendo del estudio. ¡Te volvés! Volvés

al piso y dejás claro que nosotros estamos por la “justicia”, que se haga lo que la

Justicia considere, así venimos comportándonos! ¿¡Entendiste!?

Cerró el teléfono como para romperlo. La tapa del celular sonó como una

castañuela y lo estrelló contra la mesa.

De la Sota no paraba de gritar maldiciendo. El resto del equipo sólo atinaba a

mantener un silencio insoportable. Santana retorcía un cronómetro en su puño

enorme y tomaba notas en un papelito rayado.

Otra vez a la pantalla del tele. Al terminar la tanda publicitaria, nuevamente estaban

sentados ante el panel los dos invitados. Luis Juez atónito. Se pregunta si “les

habrán gustado mis chistes que me hicieron regresar”. O el presentador Carlos

Franco se habrá comunicado telefónicamente desde algún festival folklórico

sugiriéndoles “¡Que vuelva, que vuelva!”, como cuando pide a los cantores que

realicen un bis. ¿Por qué me dan más minutos? –pensaba. ¿A qué se debía que los

hubieran hecho volver a sus sillas después de despedirlos? El periodista, adivinando

los ojos de Juez, explica ante la audiencia.

–Hemos pedido a nuestros invitados que regresen al panel ya que Héctor Campana

solicitó un minuto más para aclarar algo. Por supuesto, corresponde que

dispensemos el mismo tiempo al Intendente de la Ciudad de Córdoba… Lo

escuchamos Campana…

Campana está desencajado. El gesto ensombrecido de un hombre al que diez

segundos antes habían humillado y recriminado como a una criatura. Ante

semejante estado lo aconsejable es la ira… como un disparo hacia adelante y

Campana comienza enojado a explicar lo inexplicable. Repite lo que su jefe indicó.

Como si nada. Termina su breve discurso, todas palabras a contramano de lo que

antes afirmaba y con un “nada más”, suspira. Se despide ante un equipo de

comunicadores que no sale de su asombro. La mirada brillante de Juez se subraya

con una mueca sonriente.

A su turno, Juez no agrega nada a sus reclamos y pretende brevemente dejar de

manifiesto el escandaloso momento vivido en el estudio televisivo, mientras la

publicidad ocultaba ante miles de televidentes la vida real de la vergüenza.

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El lunes cayó 15 de octubre de 2002. Temprano en la mañana, Juez entró decidido a

su encuentro con el gobernador. Sin ambages ni medias tintas, una vez frente al

mandatario provincial le extendió un papel que aprieta en su mano.

–Gobernador…, mi renuncia.

Entonces se produjo un silencio frío. Luego, titubeando, Juez se dirigió otra vez al

entonces gobernador.

–José, te pido un favor, echame vos, porque yo necesito la obra social.Vos sabés

que nació mi hija, está muy grave y se me puede morir, y yo no tengo con qué

pagar, no tengo patrimonio…

–¿Qué vas a hacer con Caserio? –lo interrumpe en seco De la Sota.

–¿Qué querés que haga? –responde Luis.

–Nada, absolutamente nada –la voz del gobernador se estrelló contra las paredes

empapeladas, luego tomó el papel de la renuncia, lo hizo un bollo y lo sacudió al

tacho de basura.

De regreso a su casa, solo, acompañado de un par de lágrimas, sacó su celular y

marcó el número de su esposa.

–Hola… Vicky… –mientras tragaba saliva le comunicó la noticia–. Vicky…

tenemos… tenemos obra social.

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“Todo tan elegante y brilloso para estos cagadores”, piensa el gordo Monchi.

Ramón no se muestra asombrado, estudia a esas mujeres de punta a punta, mira sus

trajecitos ajustados de tela de calidad e impecables, los cabellos brillantes y

sedosos, anillos de oro en varios dedos –dedos que denotan la misma expresión de

sus rostros-, la bijou que se vende a diestra y siniestra en los despachos púb licos y

un perfume que él pensaba que era sólo para las fiestas, medio agridulce y

persistente. “Estas tilingas tan chetas se creen que les tengo miedo, mucho taquito,

mucho dorado… ¿qué carajo se creen?” piensa Ramón situándose en terreno

visitante. En la cancha del contrario.

–Mire doctora… todo lo que dije esta mañana es cierto. Yo no miento, soy un

laburante común, no me meto en líos, pero me pareció que los papeles que encontré

eran importantes y no me podía quedar callado.

–¿Pero usted sabe en la que se mete? – La intimidación es torpe. La mujer lo

increpa ya con un desprecio vergonzoso.

Moreno le devuelve la mirada rabioso. Deja el celular sobre la mesa, respira

profundamente y se siente muy bien de verse tranquilo y casi desafiante. Sin temor.

–Mire señora, usted pregunte lo que quiera, se muy bien quien soy y dónde estoy

ahora, yo no me hago cargo de las cosas sucias que estamos leyendo en los diarios

sobre las elecciones, yo encontré votos y sobres, creo que debieran estar en una

urna y no entre los papeles de mi negocio.

–Pero y a usted… ¿quién lo manda?

–¿Cómo dice? A mí no me manda nadie, ni siquiera soy juecista si es eso lo que

quiere saber. Soy radical y estoy indignado. Sería muy bueno que todos los que

encuentren algo como yo, vengan y denuncien… y usted se equivoca, me está

tratando como un chorito barato…

–Tranquilícese señor Moreno, soy una funcionaria del Poder Judicial de la

Provincia…

–Estoy muy tranquilo señora, pero me parece que usted se equivoca conmigo –

Moreno parece agrandarse, sin embargo es simplemente un parecer.

La jueza comienza a interrogarlo como si estuviese, efectivamente, ante un

delincuente. Su asistente, en un descuido de Moreno, se lleva el teléfono celular y

desaparece de la habitación. Transcurren 20 minutos y regresa al cuarto como si

nada, devuelve el celular de Moreno como quien deja una servilleta sucia sobre la

mesa.

–¡Eh! ¿Qué pasa con mi teléfono, por qué se lo llevó?

–Bueno… es sólo un procedimiento – balbuceaba la asistente del fiscal.

–¿Qué procedimiento? Usted me sacó el telefóno de prepo ¿y no pasa nada? –

continuó El Hombre del Momento en un momento no muy confortable, enrojecido

y exaltado. ¿Por qué no me dejan tranquilo? ya hace cuatro horas que estoy aquí, se

dan cuenta, sí, cuatro horas, he perdido todo el día…

La abogada asistente lo mira como pensando “gordo de mierda, como si tuviéramos

pocos quilombos, ahora nos venís a joder la vida más todavía”.

En una habitación contigua, la docta Marta Vidal, Jueza Electoral de Córdoba, bebe

café en un vaso de plástico junto al Secretario Electoral, Pérez Corti.

–Esto me está matando – le confiesa la jueza a su compañero. Y ahora este tipo que

dice que encontró unos votos. Te juro que apenas termine esta historia me voy a la

mierda de aquí – se lamenta tomándose un mechón rubio.

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El panorama no es de especial agrado para los planes del matrimonio Kirchner en

Córdoba. Su vieja fantasía de las dos canastas para Cristina K se ha esfumado hace

ya bastante tiempo.

Hoy se recuesta sobre un candidato mediocre que, usurpación mediante, divaga

atragantado y enfurecido con las celebraciones del “triunfo” ilegítimo. La fecha

para su proclamación es aún incierta y lejana. De la Sota, prácticamente se ha

borrado de la escena política de cara a la elección presidencial y legislativa,

desentendiéndose por completo de la campaña y sin disimular algunos gestos

hostiles para con el Presidente y su esposa candidata.

El postulante oficial, cabeza de lista para legisladores, Roberto Urquía, poderoso

industrial, líder exportador de soja y productos derivados de las oleaginosas,

propietario de la Aceitera General Deheza, puertos y ferrocarril, bendecido por

Cristina, no para de comerse los codos de impaciencia y amenaza con bajar su

candidatura si es que no se le pone fecha de inicio a la campaña.

Tranquilo Roberto – le suplica Schiaretti. Pasado este quilombo me pongo al frente

como jefe de campaña…

Pero Juan, ¿me estás charlando? Esto es un desastre. Vamos a entrar en los últimos

30 días antes de las elecciones y en ningún lugar de Córdoba se conoce quién será

el candidato.

La furia del empresario es inocultable. Bueno, estar en manos de Schiaretti no es

ningún augurio de paz y fe licidad. Y a merced de Schiaretti a menos un mes de una

elección y todavía en veremos no es algo para desear a los amigos. Por lo tanto, su

subida de tono es entendible.

Mirá Juan, decí que me llamó Cristina, sino ya me hubiera mandado a mudar.

Pero Roberto – insiste Schiaretti con su abusiva destilación de la mentira– ya

tenemos todo para largar. Las encuestas nos dan, no lo bien que desearíamos pero

funciona. Esperá un momento a que termine el escrutinio definitivo y vamos con

todo…

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… “Es todo posta lo que dice ese chabón”, aduce enojado Chipaca, respecto de

Julián Castro mientras recorre el Página 12. “Chipaca”, tal como lo llaman desde

hace años, también fue contratado para ingresar datos ese día en el correo. “Fue un

bardo. No nos dejaban hablar una palabra entre nosotros, nos cambiaban de lugar…

Ponele que eso esté bien, pero no se podía comentar una palabra de los telegramas

que eran todos un quilombo de crucecitas, tachones y ese liquido blanco que

corrige, viste?”…

… Chipaca es una mezcla rara de hippie-busca con aire de buen tipo y tan bueno

como alejado de cualquier interés en la política. Se envalentona y sigue. “Me parece

que un montón de pibes no tenían la más puta idea de lo que es una “compu”, ni

cómo venía la mano con ese laburo. No tuvimos curso, ni charla, ni nada”.

“¿Viste lo de esa minita? -se refiere a la dentista, Marisa Charra-, es posta también.

Estaba dos sillas al lado mío. Esa tarde, de pedo, el primo que venía junto a ella

para el correo la metió en el laburo y la flaca agarró viaje. No tenía ni idea dónde

iba. Ella lo dijo en la Radio, pegó el laburo de suerte, le vino bien el curro, pero ahí

adentro todo era un rollo. Mucho desorden”…

… Efectivamente, el testimonio de Marisa Charra fue emitido por Radio

Universidad, y en esa oportunidad la odontóloga ratificó lo de las caídas del sistema

informático, quejándose además de la poca seriedad de la empresa contratante

(BAYTON). La compañía le abonó el dinero pactado con fecha 10 de setiembre,

ocho días después de la elección, contra la firma de un contrato…

… Las discutidas caídas del sistema cobran relevancia ya que en estos saltos de

silencio, las tablas de mesas escrutadas se movían sin ninguna explicación. Los

operadores quedaban absortos cuando, después de unos minutos, las cantidades de

votos se modificaban siendo ellos los únicos responsables de la carga.

Curiosamente, después de las caídas de referencia, se detectó, al reiniciarse el

sistema, un incremento desmesurado de mesas cargadas, pasándose luego de la

primera caída, de 4.091 mesas a 4.543 mesas (452 mesas más) sin ninguna

explicación técnica que justifique el salto…

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Eduardo Di Cola, el responsable del Correo Argentino, era una pieza clave para los

planes del oficialismo provincial y nacional. Cuando una entidad actúa con ética se

busca impedir que alguien encargado de actuar con imparcialidad se vea tentado de

beneficiar a alguna de las partes por afinidad o conveniencia. En el caso del Correo

Argentino y las elecciones para gobernador en Córdoba la máxima autoridad de la

entidad postal tenía intereses obvios, sin embargo nunca se instaló una gran

sospecha de lo que pudiera ocurrir el día de las elecciones. Más bien alguna que

otra protesta de Juez quedaba en una mera queja de un candidato en campaña, sólo

tomada en serio por algunos escépticos comunicadores. Al bajarse de su

candidatura Di Cola también se confinaba a una desaparición de los medios y

bajaba el perfil para que no se lo asociara ni con las elecciones ni con el correo.

Para las elecciones provinciales del 2 de Septiembre en Córdoba el servicio

electoral del Correo Oficial de la República Argentina contrató la provisión del

software a la firma Convertech S.A. Así lo reconocería Rolando Visconti,

responsable de este servicio, en una nota del diario Perfil del 8 de septiembre de

2007. El sistema informático provisto por esta Convertech S.A. sería el receptor de

toda la información con la que se elaboraría el escrutinio provisorio con él se

procesaron los datos que finalmente arrojarían ese 1,1 % de diferencia entre Juez y

Schiaretti. La empresa figura inscripta a partir del 12 de Enero de 2006 en la

Comisión Nacional de Comunicaciones, con dirección en la calle Domingo

Faustino Sarmiento1562, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El rubro

principal de la empresa que allí figura es el de “proveedores de insumos para

instalaciones de empresas cableoperadoras”, como ellos mismos lo describen en su

stand de la Feria Internacional Expo Comm, no obstante la dirección comercial que

figura en ese sitio es otra: Neuquén 838, también en Capital Federal. Lo único en

que coinciden con la inscripción en la CNC es un número de teléfono. En la página

de internet www.expocomm.com.ar/en/exhibitor la empresa se promociona así:

“desarrollamos proyectos y proveemos equipamientos para la digitalización de

cabeceras, STB, FTTx, IPTV, VolP y todo lo asociado a las nuevas tecnologías

tendientes a integrar servicios transmisión de voz, datos y video (triple play)”.

El mismo Visconti fue quien se encargó de explicar que Convertech S.A. fue

contratada por el correo para proveer el software, aunque la empresa parece más

dedicada a la provisión de cables e insumos de TV. Pero Convertech S.A. habría

sido una subsidiaria de otra empresa que sí tiene una larga –y no por eso

prestigiosa– trayectoria; la española INDRA. Esta empresa está vinculada con todas

las elecciones nacionales realizadas en el país desde 1997, ya que es la proveedora

del sistema informático para el recuento de los votos.

INDRA en principio fue una empresa española estatal pero luego, a mediados de los

’90, sería privatizada e ingresaría a la bolsa de valores, contando hoy con miles de

accionistas En Argentina el presidente de INDRA Sistemas Informáticos S.A., es

Horacio Losoviz, un antiguo funcionario de Raúl Alfonsín y aliado político de

Rodolfo Terragno que se convertiría en un especialista en afianzar la relación

público-privado desde los distintos cargos a los que accedería. Antes de dirigir

INDRA, Losoviz fue director de la fábrica de camiones IVECO, además asumiría la

presidencia la Asociación de Fábricas de Automóviles (ADEFA) sucediendo en el

cargo al entonces dueño de Sevel, Franco Macri. Como buen empresario, Losoviz

se encargó de mantener un buen nivel de relaciones con el poder gubernamental

independientemente de las simpatías con los colores políticos e ideológicos de

turno. A fines de 1999, Losoviz abandonaría ADEFA para incorporarse a INDRA,

sociedad de la que ya tenía el 20% de acciones. Para ese entonces la empresa

española ya se había establecido como la encargada de contar los votos de los

argentinos, monopolizando el negocio desde las elecciones nacionales de 1997.

Hasta ese entonces todo el trabajo lo realizaba el Correo Argentino pero con la

adjudicación a INDRA para el cómputo de las elecciones legislativas de ese año ya

nunca se volverían a utilizar los recursos del correo. No fue menor el detalle de

haber ganado la primer licitación para hacer el sistema de recuento de votos en

nuestro país, ya que una de las principales trabas para las demás empresas que

quisieran presentarse para las siguientes elecciones era que debían cumplir el

requisito de haber realizado plebiscitos con más de 24 millones de sufragios y en no

menos de 24 jurisdicciones, siendo en el resto del mundo muy pocos los países en

los que un privado tiene posibilidades de hacerlo. De esta manera INDRA se

aseguraba el negocio. Pero Losoviz no se quedaría quieto en INDRA, también

ocuparía el cargo de Director del Correo Argentino en el año 2001 cuando,

contratado por su antiguo colega Franco Macri, la entidad estuvo a punto de

asociarse con OCA. Losoviz no llegaría afines de ese año en el correo, en cambio

continuaría desempeñando su cargo en INDRA. Con deudas que rondaban los 400

millones de pesos por el incumplimiento del pago del canon al estado, más una con

la AFIP de otros 520 millones en “concepto de contribuciones patronales” el correo

de Macri fue re-estatizado por un decreto presidencial de Néstor Kirchner y a pesar

de los cambios INDRA continuaría con el negocio de las elecciones.

El otorgamiento sistemático de las licitaciones a la empresa española despertó

muchas sospechas. En diciembre de 2002 la diputada Graciela Ocaña –por aquel

entonces en el ARI– iniciaría un pedido de informes para debatir en la Cámara Baja

acerca de los sobreprecios que el estado estaría pagando a INDRA. La

parlamentaria consignaba en su informe que las elecciones de 1999 le habían

costado al país 23,9 millones de pesos-dólares. Para las legislativas de Octubre de

2001 lo desembolsado sólo ascendía a 9 millones, pero para las elecciones que se

realizarían el 27 de abril de 2003 se preveía un gasto no menor a los 25 millones. El

presupuesto que el Ejecutivo –en ese entonces en manos de Duhalde– destinaría al

acto eleccionario era de 44 millones y la encargada de la carga, transmisión,

proceso y difusión de los datos sería… otra vez INDRA. Lo sospechoso era que

parte del sistema para el control de los datos del escrutinio ya existía por lo que no

se explicaba lo “desmesurado” del aumento. Este pedido de la diputada tenía

además sustento en información suministrada por la Auditoria General de la Nación

ya que desde allí se había considerado el precio por las elecciones de 1999 como

desventajoso. Incluso en los mencionados comicios de 2001 INDRA habría

solicitado 15,5 millones para cubrir el sistema de escrutinio pero por lo sostenido

por la AGN debió conformarse “sólo” con los 9 millones que finalmente se

pagaron. Aún así la SIGEN –en aquella época bajo la órbita de Rafael Bielsa–

cuestionó a la empresa por presuntos sobreprecios. El pedido de informes de la

diputada se cajoneó y los resultados de las elecciones presidenciales de 2003 se

procesaron con el sistema de INDRA.

Posterior a esa elección, INDRA fue denunciada penalmente por presuntas

irregularidades en la facturación de los servicios por el Fiscal de Investigaciones

Administrativas Manuel Garrido que se basó en otros cuestionamientos de la

SIGEN para llevar la denuncia al ámbito judicial. En 2004, la Sindicatura General

de la Nación (SIGEN) no sólo detectó que se había autorizado un pago de unos 5

millones de pesos que no se encontraban debidamente justificados, sino que además

INDRA había cometido “irregularidades en la carga de datos” de los resultados de

esos comicios. Al año siguiente la Oficina Anticorrupción inició una investigación

para determinar por qué el Gobierno había rechazado una oferta realizada por la

UBA por la mitad del precio tazado por la española. En la misma investigación se

intentó detectar un “apriete” que habrían sufrido funcionarios de la Universidad.

Según el Diario Perfil, ese mismo año la Oficina Anticorrupción insistió con otra

investigación tras sospechar que los que los pliegos de la elección anterior habían

estado hechos “a su medida”. El detalle se concentraba en un ítem que exigía a los

oferentes tener una experiencia de escrutinios con no menos de 10 millones de

electores. Como era de esperar, la única empresa en esas condiciones era INDRA.

Uno de los competidores impugnó el pliego pero, lejos de hacer lugar a la objeción,

desde el Ministerio del Interio r aumentaron la exigencia y ahora la experiencia

requerida para poder participar del pliego es una elección con al menos 24 millones

de electores, algo a la que casi con seguridad ninguna otra empresa que no sea

INDRA podría acceder.

Nada se exigió respecto de las en denuncias y sospechas que las compañías

pudieran tener en la experiencia exigida, por lo que INDRA también se adjudicaría

en 2007 las elecciones presidenciales del 28 de Octubre por un monto estimado de

8,7 millones de Euros.

Es curioso que el propio Schiaretti se reuniera con autoridades de Indra tres meses

antes de las elecciones provinciales. El motivo fue un ventajoso convenio para la

multinacional española en el que el Gobierno de la Provincia de Córdoba

beneficiaría a la empresa con exenc ión impositiva durante los dos primeros años de

su instalación. No sólo eso, además el gobierno se comprometería a subsidiarla con

un monto de entre $200 y $400 para capacitación por cada empleado incorporado.

Los contactos venían teniendo lugar desde abril de 2007 pero llamativamente el

acuerdo con la empresa se efectuó en forma oficial el 12 de diciembre, 3 meses

después de que Unión por Córdoba se asegurara cuatro años más de gobierno. ¿Qué

necesidad tenía el gobierno cordobés de eximir de impuestos a una empresa que

acusaba haber facturado unos 2.000 millones de Euros en su último balance?¿Por

qué todos los cordobeses debían subsidiar a una poderosísima empresa con mas de

23.000 empleados en todo el mundo que sólo crearía unos 200 puestos de trabajo en

la provincia?¿Cuántas Pymes y micro Pymes se hubieran beneficiado con ese tipo

de subsidios y sin embargo quedaron fuera permanentemente de los planes del

Gobierno de Córdoba? ¿Quiénes eran realmente los favorecidos en la operación: los

habitantes de la provincia o el poder político?

Ante tantas anormalidades talladas impecablemente en la historia de quienes deben

asegurar la legitimidad de los resultados electorales, en Córdoba pasaron casi

inadvertidas las denuncias de que para las elecciones del 2 de septiembre el sistema

informático utilizado no permitía hacer consultas mesa por mesa de la carga de los

datos por medio de internet. Esto sí venía ocurriendo en otras elecciones en donde

se utilizaba este sistema. La limitación habría sido solicitada explícitamente por los

contratistas ya que el sistema en sí estaba configurado para que se pudieran

consultar los resultados individualizando cada mesa. Con este obstáculo quienes

consultaban la página de la justicia electoral sólo podían acceder a resultados por

distritos. De esta manera se podían disimular acciones como el vuelco de padrones

o urnas donde se pusieron más votos a gobernador que para otras autoridades y

otras acciones denunciadas extraoficialmente.

—————————————————————————————————-

La necesidad de un triunfo en Córdoba desvelaba al gobierno nacional. La

fotografía de Kirchner y su esposa levantando el brazo de algún gobernador electo

era primordial para la campaña presidencial de Octubre. En Santa Fe las encuestas

estaban dibujadas y en la intimidad el gobierno nacional sospechaba que Binner

podía alzarse con el triunfo, por lo que la Docta era el último reducto donde la foto

se podría sacar. La apuesta por Schiaretti –reforzada con la visita de Cristina

Fernández una semana antes de las elecciones para inaugurar un centro comercial

en plena capital cordobesa– implicaba un apoyo explícito al PJ cordobés. Si hasta el

mismísimo Kirchner había citado al ex intendente radical Rubén Américo Martí

meses antes de la elección y cuando éste último salió del despacho presidencial

votar al vicegobernador Schiaretti. No obstante el gobierno seguía manteniendo

buena relación con Juez, porque si el líder del Frente Cívico llegaba a ganar las

elecciones, el matrionio “k” debía tener reservado un lugar en ese escenario. Pero el

apoyo explícito a Schiaretti le abría las puertas a la estrategia del fraude. El apoyo

presidencial, evidenciado sobre todo después del pase de Campana a Unión Por

Córdoba, otorgaba cierta vía libre para que se operara desde los distintos

organismos estatales en pos de mantener el poder a cualquier precio

Cuando el bochorno del escrutinio en el correo se produjo, el grueso de la población

desconocía, no sólo la metodología del escrutinio provisorio, sino también la

subcontratación de estas empresas. Pero los perpetradores sabían exactamente lo

que pasaba, quizás por eso Eduardo Di Cola prefirió esa noche no estar en la

provincia en la que, hasta hacía unos meses, él era candidato a gobernarla. Si la

maniobra salía bien y la trampa se consumaba sin sospechas no tendría que

explicar, entre otras cosas, por que contrató el Correo Argentino a Bayton S.A. para

que aportara los data entry en desmedro de los empleados mismos de Correo

Argentino.

En su presentación en la web, la empresa cierra con el siguiente párrafo: “Bayton

desde sus inicios ha cumplido con el compromiso asumido en su Misión, estar entre

las más grandes empresas del Mercado de Personal Temporario de la Argentina,

liderando el mismo con ética y responsabilidad.” Quien pudiera explicar por qué el

correo prefirió contratar recursos humanos a través de Bayton sería Gustavo

Muzlera, ya que desde 1995 hasta octubre de 2004, Muzlera se desempeñó como

responsable de negocios corporativos de la Región Centro – Cuyo del Correo

Argentino y ahora casualmente se desempeña como gerente de negocios

corporativos de… Bayton S.A. ¿Será esta una de las formas de liderar el mercado

con ética?

Ese 2 de septiembre cerca de un centenar de empelados temporales serían los

encargados de ingresar al sistema los datos aportados por los telegramas recibidos

en el correo. La empresa que los contrató es la mencionada Bayton S.A.

autodenominada como una “empresa de moderna de servicios, dedicada a proveer

mano de obra calificada al mercado argentino”. Si bien Bayton S.A. se

autoproclama una empresa que, en recursos humanos, cuenta con personal de alta

capacitación y especialización, fueron sus propios data entry los que descubrieron la

improvisación del domingo.

María es una odontóloga que fue entrevistada por el diario Página 12 y que prefirió

no dar su apellido. Ella habla de la improvisación que reinaba dentro del correo esa

noche, contando con detalles las dificultades que iban surgiendo ese domingo. Su

sola participación ya es una muestra clara de la improvisación, ya que ella fue

contratada ese mismo 2 de septiembre 2 horas después de finalizado el cierre de los

comicios. María no tenía ninguna experiencia y no había asistido a la prueba que se

había realizado el jueves 30 de agosto, con lo cual uno de los emblemas de Bayton

–personal altamente calificado e instruido– quedaba absolutamente desacreditado

¿Será esta una de las formas de liderar el mercado con responsabilidad?

Según María cuando entró al lugar donde se cargaban lo datos se preguntó “¿qué

voy a hacer yo acá?” Donde finalmente le explicaron que haría la tarea de “rondín”.

Pero el testimonio de María se suma al de otro data entry que también fue

contratado por Bayton. Julián Castro, un estudiante de psicología que estuvo

encomendado a realizar la tarea de los rondines que consistía en transportar de un

lugar a otro los telegramas que se cargaban y los que iban a control. No obstante,

Julián terminó realizando la tarea de cargador de datos. Ambos testimonios

coinciden en que había tres secciones: Carga 1 que era la base donde se cargaba por

primera vez el telegrama; carga 2 era donde se volvía a cargar el mismo telegrama y

si no aparecía ninguna contradicción con la primera carga el telegrama quedaba

confirmado, pero si había algún problema el telegrama era llevado por un rondín a

control. Quienes se encargaban de hacer el control y volver a cargar los telegramas

con diferencias también eran empleados de Bayton, sin intermediar ni fiscales de

los partidos políticos ni funcionarios del poder judicial, quienes ni si quiera tenían

acceso a la sala de carga. María cuenta:

–El lugar estaba lleno de computadoras, yo que tenía que recoger los telegramas

que llegaban de la fase uno y dos y repartirlos para la carga en una línea de ocho

computadoras, donde había otros chicos cargando datos. Cada uno tenía una

bandeja con tres estantes: en una dejaba los telegramas para la carga y las otras

decían “archivo” y “coordinación”. Después los retiraba. Los que decían “archivo”

ya habían pasado los controles y tenía que llevar a coordinación los que tenían

diferencia de datos. Ahí había otras personas que trabajaban en notebooks, con

otros tipos de programas.

Supuestamente en ese lugar se corregían los datos que habían sido cargados de

manera incorrecta. María agrega que de 100 telegramas 80 iban a control y que las

principales dificultades eran con los telegramas que habían sido escritos a mano, ya

que en muchísimos casos las cifras eran ilegibles. ¿No hubiera sido correcto que

algún funcionario judicial interviniera en la resolución de estos telegramas? ¿Cuál

era el rol de los fiscales informáticos en estos casos? Definitivamente ninguno. La

resolución seguía en manos de personal “altamente calificado” contratado

improvisadamente por Bayton. Los testimonios de Julián y María son

esclarecedores acerca de cómo funcionó el escrutinio provisorio y la enorme

responsabilidad que tanto el Correo Argentino como la Justicia Electoral de la

Provincia de Córdoba depositaron en los hombros de las empresas privadas

proveedoras del sistema y de los recursos humanos. Existían supervisores, pero los

entrevistados no saben si pertenecían al correo o a la misma Bayton. Uno de esos

supervisores fue el que les dijo a los data entry que dejaran de cargar datos cuando,

a eso de 2:45 de la mañana, se cayó el sistema. Así recuerda María el momento en

que el sistema comenzó a fallar:

–Todo era muy lento. La gente de Buenos Aires que trajo el sistema decía que no

aguantaba para tantas computadoras en red y que habían tenido apenas un día y

medio para instalarlo. A eso de las tres de la mañana sí pasó algo raro. Las

computadoras se tildaron y no había forma de que entrara un telegrama. Después de

varios minutos, hubo que reiniciar todas las computadoras y volverse a conectar a

Internet.

Julián agrega:

–En un momento de la noche se cayó el sistema y tuvimos que dejar de trabajar.

Nos dijeron que dejáramos de trabajar porque estábamos cargando datos demasiado

rápido. Se comentó que se cayó el sistema.

Julián aprovechó el momento para salir a fumar un cigarrillo y al cabo de un rato

volvieron a llamarlo para que continuara la carga:

–Nos dijeron “chicos, empiecen a cargar”. Pero las máquinas no andaban, en la

pantalla aparecía la leyenda “error fatal”. Yo reinicié mi máquina varias veces pero

a lo mejor es porque soy neurótico. Solamente en Carga 2 decía “error fatal”,

porque es el control de Carga 1. “Error fatal” es cuando vos das enter y el sistema

en vez de mandar el telegrama al archivo o a control te daba error fatal.

Un dato que le llamó la atención a Julián Castro es que en varias ocasiones la

cantidad de votos impugnados eran iguales a la cantidad total de ciudadanos. Al

compartir ese comentario con una compañera ésta le confirmó que a ella le había

ocurrido lo mismo.

Con fallas ya evidentes en el sistema y data entry agotados y saturados la carga

continuó. A eso de las 7 de la mañana la mitad de los contratados ya se habían

retirado y no había habido reemplazos. Castro se fue a eso de las 6 hs. del lunes 3 y

María un rato más tarde. Ningún otro testimonio trascendió públicamente de algún

otro data entry que se haya quedado hasta el cierre del escrutinio. Quizás tenga que

ver con que el contrato que Bayton les hizo firmar a cada contratado tenía una

cláusula de confidencialidad como condición para abonarles la labor.

Nadie imaginaba que el trabajo podía durar tanto, en un principio se les había dicho

que el trabajo terminaría a las 3 o 4 de la mañana pero jamás imaginaron que

terminarían a eso de las 11 del lunes. Los supervisores les informaron que se les iba

a pagar a todos como si hubieran trabajado hasta las 12 del mediodía, aunque estos

se fueran.

La enorme cantidad de votos que arrastró el juecismo ese 2 de Septiembre hizo que

los pequeños indicios se transformaran en grandes huellas, que las historias ocultas

y los pasados frondosos afloraran como verdades irrefutables que habían estado al

alcance de la mano de cualquier comunicador, pero que no les llamaban la atención.

Es fácil seguir los rastros que llevaron a dudar sobre la autenticidad de los datos que

se publicaron desde el correo. Esa incertidumbre llegó incluso al presidente del TSJ,

Armando Andruet, quien el 4 de septiembre afirmó que se encontraba

“ingratamente sorprendido” por una “demora más allá de lo razonable” en el

escrutinio de los comicios. Y fue más allá:

“La jueza electoral, ha sido en definitiva, quien ha tenido la responsabilidad

máxima de la conducción, de la gestión, del proceso electoral en Córdoba, esa ha

sido la razón por la cual yo con mucha pena ayer por la mañana escuchaba

apreciaciones desagradables y realmente desatinadas hacia el Tribunal Superior”.

Al mismo tiempo la jueza electoral Marta Vidal, máxima responsable de la

seguridad e inviolabilidad de los resultados, culpaba al correo afirmando: “yo no me

hago cargo de ningún papelón”, como si esa sola declaración alcanzara para

deslindar el enorme compromiso que tenía en todo el proceso incluyendo el

escrutinio provisorio del correo. Las responsabilidades se desvanecían en sistemas

deficientes, contratos con empresas incidentadas –adjudicadas sin concurso-,

empleados temporales fatigados y con remuneración escasa y caídas de sistema. El

responsable del correo no atendió a la presa y sólo deslizaba algunas declaraciones

off the record donde defendía todo lo actuado por el correo y sus subsidiarias.

El gobierno nacional se mantenía en un silencio absoluto. Los operadores habían

vuelto a fallar y lo peor de todo es que el pueblo cordobés estaba sumido en un

descreimiento total acerca del resultado de las elecciones, lo que implicaba una

miseria institucional en la provincia y un enorme escepticismo de cara a las

elecciones de Octubre. La derrota de Filmus en Santa Fe y el escándalo en Córdoba

volvieron a cerrarle las puertas al matrimonio presidencial para festejar en un

escenario junto a un gobernador electo.

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