LICARI PINTA LA ALDEA. (Por Ariel Torti*)

LICARI PINTA LA ALDEA. (Por Ariel Torti*)

by September 15, 2009 0 comments

Cuando uno tiene claro sus valores, tomar decisiones se vuelve más fácil. Roy Disney

Entré y lo vi apoyado sobre un mostrador. Afectuoso y risueño me dijo: “¿Cómo te va Torti?”. De voz inconfundible, aquella mañana sentí en ese saludo una sonoridad distinta en mi apellido.
Pasaron 10 años desde aquel sábado. Entré buscando una rejilla para ese baño de recién casados que estábamos reacomodando en casa. Si bien no tuve la dicha de conocer en profundidad a Don Roque Licari (ni al resto de los que construyeron y construyen esta Empresa), pude avistar ese día un estilo de liderazgo familiar-empresarial basado en un puñado de valores fundacionales. Desde un rincón del negocio repartía historia, mística, integridad; es decir, le daba sentido al fragor de ese sábado cargado de pedidos y clientes. Lo tengo grabado, Don Roque irradiaba humanidad.
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(Don Roque Licari, hacedor de una ejemplar empresa bellvillense)

Este recuerdo viene a cuento ya que estoy impactado por la dimensión y el valor de esta nueva edición del concurso educativo “Pintando por mi Escuela”, que la gente de LICARI organiza año tras año. Analizar los resultados de este programa educativo puesto a disposición de todas las Escuelas Primarias de Bell Ville, me ha ayudado a entender lo que viví hace una década en aquel saludo que me dispensó Don Roque.

¿Por qué vale la pena poner en valor el proyecto de esta Pyme? Creo que esta propuesta que abarcó a 15 escuelas primarias de Bell Ville, en la que intervinieron más de un millar de alumnos, que sinergizó la capacidad humana y técnica de la Empresa, que repartió 11.500 pesos en órdenes de compra para las instituciones educativas y que aglutinó con un claro sentido de cohesión social a todos los intervinientes del proceso fue, un soplo de esperanza. También una señal. Y una contribución concretísima. Fue, desde mi análisis, un aporte valiosísimo que nos desafía e interpela al conjunto social.

¿Por qué LICARI hace esto? ¿Por qué acontece esta magnífica creación de valor social y educativo si su reto diario es vender materiales para la construcción? ¿Qué tiene que ver un metro de arena gruesa con una pintura en témpera de un alumno de 5to. Grado de la Escuela Alberdi?

Lejos de querer convertirse en un “corralón de dibujos infantiles”, LICARI vive lo que en el mundo de las ciencias de la administración suele definirse como co-responsabilidad en el desarrollo de la comunidad en donde se opera un negocio. Es decir, se sienten responsables por el devenir educativo de nuestra infancia, y en ese nivel de “conciencia socio-empresaria” deciden hacer algo. Por eso es una jugada maestra, aleccionadora, en esencia genuina. El “Pintando” -síntesis afectiva de este proyecto- despliega una herramienta recreativa y cultural que se articula en la dinámica pedagógica de las aulas para proteger una imagen que vale más que mil palabras: la infancia en la Escuela. No exagero una palabra. En una ciudad con -al menos- 500 pibes fuera de esa escena, y otros tantos al borde de ser eyectados por un sistema demasiado indiferente con este tema, la movida de LICARI conmueve. Porque hay que ver la emoción de docentes y directivos de esas Escuelas olvidadas que, cansadas de hacer notas solicitando los subsidios de moda, encuentran en este concurso la oportunidad de tejer nuevos vínculos para seguir educando. Antes que plata las Escuelas necesitan afecto, acompañamiento, escucha.

Este concurso no sólo mejora las oportunidades educativas de nuestra infancia; al mismo tiempo crea entorno social. Crear entorno social es dinamizar una lógica de relaciones que facilita la convivencia y acelera cualquier proceso de mejora de la calidad de vida. Así como la cal garantiza el progreso de la infraestructura material, el “Pintando” consolida la infraestructura social de la ciudad. Más allá de su negocio, LICARI se ha vuelto competitivo socialmente, cuestión que se hace visible no sólo en este concurso sino en varias de sus prácticas empresariales. ¿Y eso cuánto vale en medio de una avalancha de mezquindades y especulaciones de muchos de los que a diario hacen que el “sistema educativo funcione”? ¿Cuánta falta hacen este tipo de experiencias empresariales que en esencia van más allá de la lógica y necesaria generación de riqueza económica? En medio de tantos desafíos sociales abiertos, ¿agrega o no agrega valor esta experiencia?

LICARI en esta práctica no sólo pone plata; también invierte en recursos humanos, alinea a sus empleados, asume riesgos, articula esfuerzos, construye nuevas relaciones. Todas cuestiones que vistas y analizadas desde la estricta razón empresarial, nada tienen que ver con el negocio. Es más, demandan tiempo, ese recurso no renovable. Pero han comprendido que no habrá empresas exitosas en comunidades pobres, ni que es posible ser feliz si no se encuentran formas de trascenderse humanamente. LICARI se mejora y nos mejora. Gracias al legado de todos sus fundadores y la pasión de sus sucesores, han hecho práctica la precisa definición del reconocido experto en educación Emilio Tenti Fanfani: “sin la escuela no se puede, la escuela sola no puede”.

Don Roque, como me gustaría que supiera que estoy feliz. Puse la rejilla en el baño y he encuadrado uno de los dibujos del “Pintando” que hizo una alumna de 6to. Grado de la Escuela Neuquén. Abajo a la derecha dice: LICARI SA, 70 años.

*Integrante de INFOPACI

– Foto de Don Roque Licari: registro de Iván Torti

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