“Elisa no era una radical de escritorio”.
Realmente una gran perdida la de Elisa, yo la quiero recordar en una foto de aquéllos años en que la conocí y como periodista novel compartíamos largas charlas en su casa, acá está con Fernando Palacios, su gran amigo hasta sus últimos días, pero podría haber subido un monton de otras fotos en donde había gente de todas las opiniones.

Precisamente eso tenía Elisa, que no se enceguecía con la opinion de su querido partido radical sino que le gustaba discutir, lo que la llevó a que nunca lograra grandes candidaturas. La rescato además como una de las primeras dirigentas que planteo claramente en Bell Ville la cuestión del género, logrando crear primero una Dirección de la Mujer y posteriormente conformar el Consejo Municipal de la Mujer, a cuyas integrantes insto a un inmediato homenaje. Sus charlas sobre la política real, la del barro, me llevaron a darme cuenta temprano sobre las muchas pequeñeces y las pocas grandezas que hay en la política, pero también fue una mujer que defendió tajantemente al sistema democrático.
A una edad avanzada, podría haberse encerrado en su casa pero sin embargo tenía la puerta abierta para todos, no tengo noticia de ningún humilde que se haya ido sin ninguna respuesta de su domicilio. Y tampoco su edad representaba un obstáculo generacional, siempre tuvo en claro que los jóvenes, los humildes, los ancianos, es decir, los menos importantes para el sistema productivo de nuestra sociedad, eran quienes debían ser priorizados en la agenda política y atendidos desde el estado en sus necesidades. Con perdón por mis amigos radicales, yo diría que Elisa no era una radical de escritorio, no se quedaba a debatir absurdos sino que era ejecutora, y lo fue hasta donde dieron sus fuerzas. Me quedé con las ganas de hacerle una buena entrevista, que me cuente la trastienda de la política en Bell Ville desde hace 40 años, porque tenía, insisto, esa virtud, la virtud de tener amigos en todos los sectores, a tal punto que hace unos años recuerdo que la homenajearon en un gobierno peronista local.
Nunca negó y se enorgullecía de ser amiga de Angeloz y alguien (yo mismo, por caso) podría criticarla por eso, o por alguna votación en el Concejo cuando fue edil entre el 91 y el 05, pero, ¿quien puede ser juez de las convicciones de otro?. De última, es el pueblo el que vota y la responsabilidad es de todos en última instancia. Y sus recitados españoles, su evocación a García Lorca, serán inolvidables. Me sumo hoy a tu evocacion, Sergio, sabiendo que mañana sera otro dia y la agenda nos ira desvaneciendo muchas cosas del corazon, por eso hoy te envio estas lineas para que no olvidemos a esta noble mujer que era amiga de todos.
Juan Francisco Sierra
Periodista, Semanario Tribuna.

